lunes, 10 de diciembre de 2007

Capturan Pesquero Peruano


Para el embajador peruano Manuel Rodríguez Cuadros la Cancillería del Perú debe remitir inmediatamente una nota de protesta a Chile por la detención indebida de 4 pescadores y de una embarcación nacional, debido a que la nave marítima circulaba en el área de controversia marítima.
"La Cancillería tiene la obligación de remitir una nota de protesta al gobierno de Chile, señalando que esa embarcación que era tripulada a diez millas al sur, se encontraba en territorio marítimo peruano del área de controversia y que conforme a la legislación nacional del dominio marítimo el gobierno peruano no reconoce facultades jurisdiccionales y de ejercicio soberanos a Chile en esa zona", señaló a través de RADIO UNO.
Precisó que la nota de protesta es algo indispensable no sólo desde punto de vista de defensa de los intereses nacionales en general, sino muy particularmente en función al juicio que se desarrolla en la Corte Internacional de la Haya, reafirmando que no se reconoce ningún límite paralelo.
Con respecto a la multa de 140mil dólares impuesta por la capitanía mapocha en el puerto de Arica, aseguró que la misma no tiene base legal en derecho internacional.
Rodríguez Cuadros dijo también que a través de un comunicado la opinión pública peruana debe ser informada adecuadamente en el asunto de la detención de la bolichera.
Frente a estos hechos que se presentan una y otra vez, el ex canciller de la República, aseveró que será necesario incluir en la demanda interpuesta ante la Corte de Justicia de la Haya , una reserva del Perú a una adecuada indemnización en razón de las pérdidas económicas que pueda haber significado para el país el no aprovechar nuestra propia riqueza marítima en la zona de controversia , gracias a los actos ilegales que desarrolla el gobierno del Chile

viernes, 17 de agosto de 2007

Chile quiere Confundir La "Concordia" con el Hito N°1



chile quiere confundir la Concordia con el Hito Nº 1
En el caso del inobjetable Tratado del 29, en su artículo 2°, señala que la línea divisoria entre Tacna y Arica, partirá de un punto de la costa que se denominará "Concordia", distante DIEZ KILÓMETROS AL NORTE DEL PUENTE SOBRE EL RÍO LLUTA, PARA SEGUIR HACIA EL ORIENTE PARALELA A LA VÍA DE LA SECCIÓN CHILENA DEL FERROCARRIL DE ARICA A LA PAZ y distante DIEZ KILÓMETROS DE ELLA, con las inflexiones necesarias para utilizar en la demarcación, los accidentes geográficos cercanos que permitan dejar en territorio chileno las azufreras de Tacora y sus dependencias, pasando luego por el centro de la laguna Blanca, en forma de que una de sus partes quede en Chile y otra en el Perú. CHILE CEDE A PERPETUIDAD A FAVOR DEL PERÚ, TODOS SUS DERECHOS SOBRE LOS CANALES DEL UCHUSUMA Y DEL MAURI, LLAMADO TAMBIÉN AZUCARERO, sin perjuicio de la soberanía que le corresponderá ejercer sobre la parte de dichos acueductos que queden en territorio chileno después de trazada la línea divisoria a que se refiere el presente artículo.
Aquí lo importante es destacar la cesión a PERPETUIDAD A FAVOR DEL PERÚ DE TODOS SUS DERECHOS SOBRE LOS CANALES DEL UCHUSUMA Y DEL MAURI Y DEL MÁS AMPLIO DERECHO DE SERVIDUMBRE A PERPETUIDAD A FAVOR DEL PERÚ y como lo dice el texto del Tratado comprende el derecho de ampliar los actuales canales, modificar el curso de ellos y recoger todas las aguas captables en su trayecto por territorio chileno. En el artículo séptimo se establece el más amplio derecho de servidumbre a favor del Perú sobre la línea férrea de Tacna a Arica.
Este tratado suscrito en Lima por el representante del Perú, el presidente D. Augusto B. Leguía, el ministro de Relaciones Exteriores D. Pedro José Rada y Gamio, y por el representante del Presidente de la República de Chile, el general D. Carlos Ibáñez del Campo, quien nombró al Excelentísimo señor D. Emilio Figueroa Larraín (ex presidente de Chile) como su embajador extraordinario y plenipotenciario en el Perú, quienes luego de canjear sus plenos poderes y encontrándolos en debida forma, convinieron en los trece artículos del Tratado y los tres del Protocolo Complementario.
Sin embargo, a despecho de lo que dice textualmente el artículo primero del Tratado: "QUEDA DEFINITIVAMENTE RESUELTA LA CONTROVERSIA ORIGINADA POR EL ARTÍCULO TERCERO DEL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD DE VEINTE DE OCTUBRE DE MIL OCHOCIENTOS OCHENTA Y TRES", la reacción en Chile al Tratado del 29 no fue positiva.
Ernesto Barros Jarpa recogió la protesta nacional en un artículo publicado en el Diario Ilustrado, de Santiago, el 19 de agosto de 1931, en el que califica el Tratado y el Protocolo Complementario como un desastre político, económico y patriótico para Chile.
Barros Jarpa fue ministro de Estado del ex presidente Alessandri y desde ese entonces la política chilena fue la de frenar –como de costumbre– el cumplimiento de lo pactado, para encontrar el camino de anular lo concedido. La punta del iceberg es el Punto Concordia, que no fue plantado a la orilla del mar y que ahora lo quieren confundir con el llamado Hito N° 1.
Al Pacto de Bogotá
Creemos sinceramente que desde 1929 y 1930, cuando se efectuaron las mediciones de la frontera, el mundo ha evolucionado en el conocimiento de los instrumentos para medir puntos geográficos con exactitud, desde el legendario teodolito que andaban cargando los ingenieros, sobre todos los de minas a lo largo y ancho del Perú, al sistema preciso o "sistema de posicionamiento global (GPS)", de "global positioning system" que es una constelación de 24 satélites artificiales uniformemente distribuidos en un total de 6 órbitas, de forma que hay 4 satélites simultáneamente y combinan sus informaciones para calcular su propia posición en la Tierra; es decir, sus coordenadas de latitud y longitud con una precisión de unos 10 metros.
Pero hay receptores más sofisticados –tienen otro precio– que pueden determinar la posición con una precisión de unos pocos milímetros. Creemos sinceramente que ha llegado la hora de conciliar los avances científicos con la política internacional y, en el caso que nos atañe, se podría invitar a nuestro vecino del sur a que el satélite nos precise al milímetro dónde clavar el "Punto Concordia", en la orilla del mar, con las coordenadas en unidades de grados (°) y minutos (‘) y así determinar exactamente la frontera marítima, ya que tanto latitud como la longitud son ángulos y por tanto deben medirse con respecto a un 0° de referencia bien definido y no al ojo, por cuanto la Tierra es redonda y no plana.
El Pacto de Bogotá debe ser el camino a la "Concordia" más cercano que La Haya ya que, según el profesor Federico Mancini, el Tribunal de La Haya no puede asumir un asunto sin el previo acuerdo de las partes (Pág. 62 de su "Memoria" del Tribunal Andino de 1991. Juan Vicente Ugarte del Pino.

jueves, 5 de julio de 2007

Fundamentos Históricos del Dominio Marítimo ó Mar Territorial


La historia del dominio del mar territorial se remonta a los antiguos habitantes del litoral peruano. Desde que ellos aparecieron junto al mar convivieron con él y lo aprovecharon para su alimentación, transporte, y hasta para refugiar las divinidades marinas que los protegían. En los Museos puede verse abundante iconografía de peces, leones, serpientes y lobos marinos, tortugas, etc representadas en el arte de todas las antiguas civilizaciones, testimonio indudable de la estrecha relación que existió entre los habitantes de las áridas costas y el rico mar que los alimentaba. Esto es lo que los tratadistas del derecho del mar traducen como la ecuación H-T-M: Hombre, tierra, mar, que sustenta entre otros importantes aspectos la Doctrina Peruana del Mar Territorial.
El hombre peruano usó el mar y lo ocupó a través del tiempo, tanto como pudo según sus crecientes recursos tecnológicos. Esta ocupación o dominio del mar constituye lo que en derecho se denomina “la costumbre”, que es base cierta de jurisprudencia en ausencia de una norma positiva, tan innecesaria como impensable en los orígenes de nuestras culturas. Al desarrollarse la civilización se presenta la necesidad de acreditar el dominio territorial, y tal acreditación se convierte en una norma positiva que desde ese momento ingresa al Derecho Internacional Público.
La trayectoria no interrumpida de dominio que el antiguo peruano ejercitó sobre su mar adyacente, encuentra el hecho de mayor relieve en la expedición del Inca Tupac Yupanqui a la Polinesia, remontando lo que hoy conocemos como la Corriente Peruana. Este hito del dominio peruano sobre el mar lo confirmó el explorador noruego Thor Heyerdahl alrededor de 1960, dejándose llevar por la Corriente Peruana en la balsa “Kon Tiki”, tal como se supone fueron las embarcaciones que pudieron haber construido los Incas. En el 2005, la expedición noruega de la balsa “Tangaroa” confirmó lo anterior.
El primer mapa de América levantado en 1646 por el geógrafo europeo Petrus Kerius Calav ofrece el testimonio que el “Peruviane Ocean”, desde el litoral peruano hasta las Islas Filipinas era posesión soberana de los Reyes de España, de los cuales somos herederos históricos desde 1821. Así es que el dominio marítimo ó mar territorial es, por posesión continua y por historia, patrimonio indiscutible y exclusivo del Perú.
Hasta que en la edad contemporánea, se presentó la necesidad de proteger los recursos marinos, amenazados por la entonces incipiente depredación de los mares. Con una clara visión proyectada de la historia, el entonces Presidente de la República, ilustre jurista y gran patriota, Dr. José Luis Bustamante y Rivero, reivindicó el dominio, soberanía y jurisdicción exclusivas del Perú sobre las 200 millas de mar adyacente a sus costas. Fue el primero de Agosto de 1947, en el acto más trascendental de toda nuestra vida republicana, que el Perú proclamó la propiedad exclusiva de 864,381.557 km2 (2) de dominio marítimo, que comprende suelo, subsuelo, fondos marinos, y espacio aéreo que los cubre.
La Doctrina del Mar Territorial Peruano quedó internacionalmente reconocida por el Tratado del Pacífico Sur de 1952 suscrito con Ecuador y Chile, con la posterior adhesión de Colombia. Finalmente, la III Reunión del Consejo Interamericano de Jurisconsultos, en México, en 1956, declaró que los Estados tienen la competencia de fijar el ancho de su mar territorial de acuerdo a sus características geográficas, geológicas y biológicas, según las necesidades económicas de su población y de su seguridad y defensa. El Perú, es el primer país del mundo en sustentar su dominio marítimo con sólidos argumentos científicos y jurídicos, lo que confiere plenitud y permanencia en el tiempo a la Doctrina Peruana del Mar Territorial de 200 millas marinas.
(1) De la Comisión Patriótica para la Defensa el Mar de Grau. http://www.comisionpatriotica.org/

(2) Estimado por el Instituto de Investigación de la Facultad de Ingeniería Geográfica y Ambiental de la Universidad Nacional Federico Villarreal http://www.victormejia.org/

Convención mutiladora




De adherirse el Perú a la Convención del Mar de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, adhesión que empeñosamente persiguen quienes, de esta manera, con la mejor buena fe, consideran equivocadamente que cumplen el deber de resguardar y proteger los intereses nacionales:

1.- El Perú reduciría la anchura de su mar territorial de 200 millas marinas a 12 y, en estas 12 millas, su soberanía tampoco sería absoluta pues ella tendría que ejercerla con arreglo a la Convención y otras normas de derecho internacional (Art.2, inc. e y Art. 3).

2.- El Perú convertiría las 188 millas de su mutilado dominio marítimo uninacional en un condominio marítimo multinacional maliciosamente llamado “Zona Económica Exclusiva” sujeta a un régimen en el cual las disposiciones de la Convención, no la ley peruana, regirían los derechos y obligaciones del Estado ribereño, vale decir del Perú y de los demás Estados (Art.58).

3.- El Perú vería gravemente amenazados los intereses de la Defensa Nacional no sólo en caso de ataque o de una invasión armada por mar o aire sino por espionaje o actos de merodeo.

4.- El Perú mutilaría igualmente el espacio aéreo que cubre actualmente su dominio marítimo de 200 millas, espacio aéreo en el que, conforme a la Convención de París de 1919, toda potencia tiene soberanía plena y exclusiva.

5.- El Perú no podría adherirse con “reservas” a la Convención porque ésta impide las reservas y las excepciones (Art. 199).

6.- El Perú, de adherirse a la Convención, no podría proponer enmiendas a ella porque, para su simple admisión a debate, exige que la mitad de los Estados partes, respondan favorablemente a la solicitud modificatoria y, en caso de enmienda simplificada, sin convocatoria a Conferencia, basta que un Estado se oponga para que el pedido de enmienda sea automáticamente rechazado (Art. 312 inc.1 y Art. 313, inc.3).
7.- El Perú no podría, de adherirse a la Convención, reivindicar los derechos a que hubiere renunciado por la adhesión, ya que la Convención franquea su denuncia, pero establece que ningún Estado quedará dispensado por causa de la denuncia de las obligaciones financieras y contractuales contraídas mientras era Parte de la Convención, ni la denuncia afectará a ningún derecho, obligación o situación jurídica creados para la ejecución de la Convención (Art. 317, inc.2).

No sería todo. De adherirse a la Convención sobre Derecho del Mar también sufriría el Perú la imposición de las servidumbres que, bajo la denominación de “libre tránsito”, establecen los artículos 69 y 125.
No puede pasar inadvertido que el artículo 69 de la Convención consagra el “Derecho de los Estados sin Litoral” a participar en la explotación de una parte apropiada excedente de recursos vivos, de las sarcásticamente llamadas “Zonas Económicas Exclusivas” de los Estados ribereños de la misma subregión o región. Menos aún puede el Perú dejar de percatarse que el artículo 125 de la Convención consagra igualmente, tanto el “derecho de acceso al mar y desde el mar” cuanto el derecho a la “libertad de tránsito” en beneficio de los Estados sin litoral.
Esto significaría que, en adición al debilitamiento de la posición del Perú en su desinteligencia con Chile, en el asunto de la delimitación de su frontera marítima, que surge de la peculiar conformación geográfica de las costas de ambos países y del punto de vista discordante que tienen, para fijar la línea imaginaria de 200 millas de mar territorial; mediante la anticonstitucional adhesión del Perú a la Convención sobre derecho del Mar, Bolivia, Estado sin litoral, tendría el derecho de acceso al mar y desde el mar para ejercer los derechos que se estipulan en esta Convención”, incluidos los relacionados con la libertad de la alta mar; y, “para este fin”, Bolivia gozaría en el Perú de “libertad de tránsito a través del territorio por todos los medios de transporte”.

¿Sería suficiente para la seguridad militar del Perú el que el párrafo tercero del artículo 125 de la Convención disponga que “los Estados de tránsito en el ejercicio de su plena soberanía sobre su territorio tendrán derecho a tomar las medidas necesarias para asegurar que los derechos y facilidades estipulados en esta parte para los Estados sin litoral no lesionan en forma alguna sus intereses legítimos”?
¿Quedarían asegurados los territorios de Tacna, Moquegua, Arequipa, Madre de Dios, Cuzco y Puno de imponérseles el complejo de servidumbre que conllevaría la adhesión del Perú a la Convención sobre Derecho del Mar?
El Perú no debe correr este peligro inmenso ni convenir en la mutilación de “su mar territorial”. Ni “Milla 13” ni manojo de servidumbres con riesgos separatistas: su “línea de respeto” debe ser sagrada e invariable, la “Milla 200”.
por el Dr. Alfonso Benavides Correa(fragmento de su libro “Una difícil vecindad” págs. 179 a 182) http://www.victormejia.org/

viernes, 29 de junio de 2007

Perú: El gran negocio de Chile

Perú: El gran negocio de Chile 05/06/2007

La creciente invasión económica chilena debe ser detenida cuanto antes. Una medida razonable sería una campaña para informar a la ciudadanía cuáles son los negocios chilenos, como una manera directa de ayudar la producción y comercio nacionales.
www.victormejia.org

domingo, 17 de junio de 2007

GLORIAS DE UN EJERCITO LADRON

24 de abril de 2006
REVELA UN DIARIO CHILENO
• La investigación de un periodista del matutino Diario Siete ha permitido reconstruir una historia que hasta ayer permanecía oculta para la opinión pública chilena: EL ROBO en 1881, de miles de libros de la Biblioteca Nacional del Perú.
1. Antes de la ocupación chilena. Una de las salas de lectura de la antigua Biblioteca Nacional. Luego sus instalaciones fueron ocupadas por las tropas del sur. 2. La batalla de Chorrillos. Una ilustración del asalto de las tropas chilenas al Morro Solar. 3. Facsímil. El reportaje publicado ayer por Diario Siete. El saqueo de la Biblioteca de Lima en 1881 se ha mantenido como un secreto inconfesable de la Guerra del Pacífico, incluso ha sido negado por algunos historiadores nacionales. Diario Siete encontró la lista publicada en el Diario Oficial en esas fechas, donde se individualizan 10 mil volúmenes que en su mayoría ingresaron a la Biblioteca Nacional. Tras dos años de negociaciones secretas entre los gobiernos de Chile y Perú, la devolución de parte de este botín de guerra parece inminente.
Marcelo Mendoza.Diario Siete.
A días de iniciada la ocupación chilena de la capital peruana, el 17 de enero de 1881, el coronel Pedro Lagos eligió como cuartel de su batallón el palacio de la Biblioteca de Lima, sin saber que atesoraba la más valiosa colección bibliográfica de Latinoamérica (entre 35 mil y 50 mil volúmenes). Tardó un mes en reparar en ese detalle y le pidió a Manuel de Odriozola, su bibliotecario, que le enseñara aquel tesoro. Exigió las llaves de la bóveda en donde se guardaban los libros y lo que vino después fue la expoliación: un saqueo ordenado y diligente, metódicamente militar. A favor del coronel Lagos se debe inferir que la orden vino del gobierno central.
Dos meses después, en una carta a míster Christiancy, embajador de Estados Unidos en Perú, Odriozola, relató lo ocurrido. Trató el hecho de un "crimen de lesa civilización cometido por la autoridad chilena en Lima", agregando: "Apropiarse de bibliotecas, archivos, gabinetes de física y anatómicos, obras de arte, instrumentos o aparatos científicos, y de todo aquello que es indispensable para el progreso intelectual, es revestir la guerra con un carácter de barbarie ajeno a las luces del siglo, a las prácticas del beligerante honrado y a los principios universalmente acatados del derecho". Y termina: "Nadie podría recelar, sin inferir gratuito agravio al gobierno de Chile, gobierno que decanta civilización y cultura, que para él serían considerados como botín de guerra los útiles de la universidad, el gabinete anatómico de la Escuela de Medicina, los instrumentos de las escuelas de Artes y de Minas, los códices del Archivo Nacional, ni los objetos pertenecientes a otras instituciones de carácter puramente científico, literario o artístico (...) Los libros son llevados en carretas, y entiendo que se les embarca con destino a Santiago. La biblioteca, para decirlo todo, ha sido entrada a saco, como si los libros representaran material de guerra".
El historiador peruano Mariano Paz Soldán en 'Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia', publicada en 1904, anota: "Desde ese momento principió el saqueo descarado de ese sagrado depósito (...) Se cargaban carros con toda clase de libros, que se llevaban a casa de los chilenos y de allí, después de escoger lo que les convenía, el resto lo vendían en el mercado al precio de 6 centavos de libra, para envolver especias y cosas por el estilo".
La lista de Domeyko
Podría pensarse que solo es la versión de los vencidos, cargada de resentimiento hacia el invasor. Sin embargo, y pese a que el incómodo tema ha sido omitido por la historiografía nacional, existe un testimonio de peso que confirma el relato peruano de los hechos. Es la versión del sabio Ignacio Domeyko, rector de la Universidad de Chile y entonces el intelectual más prominente del país.
En su libro 'Mi viaje', Domeyko se lamenta de que un decreto de Manuel García de la Huerta, ministro de Instrucción Pública del gobierno de Aníbal Pinto, le encomendara clasificar el botín arrebatado a la Biblioteca de Lima, museos y establecimientos varios de aquella capital. Califica la misión como "la más desagradable y antipática, pues me recordaba lo que habían hecho los rusos con muchas bibliotecas y colecciones de la Universidad de Vilna" y señala que habrían llegado "la mitad de los libros que, de acuerdo a informes fidedignos, poseía la ciudad de Lima". Teniendo conciencia de la aberración cometida, quiso dejar un "minucioso inventario de los objetos traídos", exigiendo que sea publicado por el gobierno "para que se viera el poco provecho que aportó al país ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas" (ver recuadro). Hoy, 125 años después, sus palabras ratifican la lucidez y altura moral del sabio polaco.
Escondido en hojas de letra impresa, Diario Siete encontró aquel riguroso inventario que hizo Ignacio Domeyko en colaboración con un bibliófilo tan insigne como Diego Barros Arana. Entre el lunes 22 y el miércoles 24 de agosto de 1881 el Diario Oficial de la República de Chile publicó –con el título de 'Lista de libros traídos de Perú'– un informe de 16 páginas enviado por Domeyko al ministro de Instrucción Pública con los libros y objetos de ciencia robados en Lima y hechos llegar a la Universidad de Chile. Recibió, en dos envíos de la Intendencia General del Ejército, un total de 103 grandes cajones y otros "80 bultos". Separó en cuatro grupos los objetos recibidos: el primero, de "instrumentos y aparatos para la enseñanza de la física y de la química, y una colección de muestras para química orgánica y farmacia"; el segundo, de "preparaciones anatómicas"; el tercero, de "objetos de historia natural"; y el cuarto, de libros. Además, el botín incluía una gran colección geológica de rocas. Sin duda, lo más valioso eran –según Domeyko– "los más de 10 mil volúmenes", muchos de ellos del siglo XVI y XVII, incluidas numerosas joyas bibliográficas universales.
Pese a que muchos aparatos llegaron semidestruidos, el objetivo era enriquecer el patrimonio científico-cultural del país. Debe entenderse que, producto de haber sido una gobernación pobre, a mucha distancia de la holgura del Virreinato del Perú, Chile tenía muy precarios laboratorios y bibliotecas para la formación académica e investigación. Este botín, al entregársele a la universidad, obedeció a una planificada razón de Estado. Su publicación en el Diario Oficial –algo bien sorprendente si no se supiera de la tradición archilegalista chilena– puede ser vista como una muestra de que en el momento no se pensó que aquel botín no era malhabido. Tal vez correspondió a la arrogancia propia de los vencedores, porque después de aparecido en letra de molde, el tema se convirtió en tabú, en materia de rumores soterrados y negados. Hasta hoy.
Domeyko en persona hizo el catálogo de cerca de 150 instrumentos de física y química. El catastro del material anatómico fue hecho por el profesor de patología Francisco Puelma Tupper. Y el tesoro de mayor cuantía, el bibliográfico, fue clasificado en cuatro grupos: obras de historia, literatura y estadística; obras de física, matemática, historia natural y medicina; obras de jurisprudencia; y obras de teología. Barros Arana se encargó de la exhaustiva clasificación de los dos primeros grupos, los de mayor valor, catalogando 1.105 obras (cifra que se multiplica porque la mayoría de las obras tienen varios volúmenes; por ejemplo, Histoire de l’Academie tenía 100 volúmenes) y 222 manuscritos de "historia, literatura y ciencias". También es significativa la cantidad de libros de derecho y teología.
Los días posteriores a esta publicación, el ministro de Instrucción Pública definió el destino final del botín: los aparatos de física y química al Laboratorio de la Universidad de Chile; los anatómicos a su Museo de Anatomía; los objetos de historia natural al Museo Nacional; los libros de viajes a la Oficina Hidrográfica; los de meteorología a la Oficina Meteorológica; y "todos los libros restantes, incluso los de teología, a la Biblioteca Nacional". Desde entonces, se ignora el estado de situación del arsenal bibliográfico arrebatado. Pero es un hecho que varios de los libros más valiosos permanecen en la Sala Medina, el Fondo General y la bóveda de la principal biblioteca del país.
Los volúmenes del Compendio de las crónicas, de Garibay (de 1628), de la Biblioteca clásica latina, de Lamaire (151 volúmenes), del rarísimo libro Teatro del mundo i del tiempo, de Giovanni Galluci (de 1611), o un Diccionario español-latino, de Nebrija, están en la Biblioteca Nacional. Así como extraordinarias colecciones de atlas y libros de viajes de los siglos XVI, XVII y XVIII, incluidos en la lista de Domeyko.
El historiador Claudio Rolle recuerda que para una muestra bibliográfica de 1989, en homenaje al bicentenario de la Revolución Francesa, en la que él participó, tuvieron problemas al exhibir volúmenes de la gran Encyclopédie de Diderot y d’Alembert, porque en su interior había timbres de la Biblioteca de Lima.
–Al final se mostraron ejemplares abiertos, en páginas donde no había timbre alguno –confidencia.
La devolución de los saludos
"Solo tenemos que devolver saludos al Perú", dijo el historiador Sergio Villalobos, justo hace un año, cuando una periodista le preguntó qué quedaba por entregarles a los peruanos de todo el botín sustraído en la Guerra del Pacífico. De un tiempo a esta parte, el Premio Nacional de Historia tiene opiniones poco contemporizadoras en muchos temas. Pero igual extraña su punto de vista, alineado a las voces más conservadoras del país, toda vez que él fue director de la Dibam, la institución responsable del tesoro bibliográfico de la Biblioteca Nacional, y como tal debió saber que numerosos libros de valor se guardan en bóveda porque poseen un timbre que reza: "Biblioteca de Lima".
Para quienes han hecho investigaciones en nuestra biblioteca esto no es misterio. De forma soterrada, siempre se ha sabido que libros de la rica colección que allí se atesora –una de las tres más importantes del mundo en obras de y sobre América– provinieron del Perú como botín de guerra. Pero tampoco puede negarse que el grueso de nuestro tesoro bibliográfico es la extraordinaria colección de José Toribio Medina, agregándose a ello la biblioteca legada por Diego Barros Arana.
Aún persisten políticos e historiadores que consideran casi como un "gaje del oficio de guerra" el saqueo y robo de las pertenencias enemigas o que, en su defecto, estiman que hubo "un saqueo menor"; incluso que muchos libros fueron devueltos y, si quedaran, estarían en manos particulares porque habrían sido vendidos en el mercado negro por peruanos cuando Lima era regentada por el almirante chileno Patricio Lynch.
Villalobos se ubica en este último grupo. "Se tomaron algunas cosas de la biblioteca, principalmente obras de carácter religioso, que después fueron solicitadas por el gobierno peruano y devueltas por el presidente Santa María. Pero se encontró una cantidad de libros mínima", dijo, señalando que "los principales destructores de la Biblioteca Nacional de Lima han sido los limeños", para rematar así: "Creo que ya no correspondería devolución, si es que quedan textos peruanos en Chile".
En tiempos en que está muy fresco el brutal saqueo del museo y biblioteca de Bagdad, tras la ocupación estadounidense de Irak (se destruyeron y desaparecieron innumerables piezas y manuscritos de miles de años de antigüedad), resultan difíciles de justificar las razones para no reponer agravios cometidos en mala lid. Tal como lo contó Diario Siete en noviembre último, el botín chileno arrebatado en el conflicto bélico contra Perú y Bolivia no se limitó a los "trofeos de guerra", a lo conseguido en combate, como es el caso del Huáscar.
La devolución
Es probable que en los próximos meses el gobierno chileno devuelva a Perú algunos de los libros de aquel saqueo. Un rol clave en ello le ha cabido a Sergio Bitar, ex ministro de Educación. Hace dos años, a solicitud de su homólogo peruano, ayudó a crear un comité en Cancillería, especialmente abocado al tema de la "reparación de guerra" hacia el país vecino.
El miércoles de esta semana, Sinesio López, director de la Biblioteca Nacional del Perú, informó que ya estaba sellado un acuerdo oficial para la devolución de libros, y se quejó de que demoraba demasiado en concretarse. El ministro peruano de Educación, Javier Sota Nadal, ratificó lo dicho. "Hasta ahora hemos recibido señales positivas y ojalá esto se concrete –dijo–. Yo conversé con Sergio Bitar sobre el tema y en las conversaciones, que obviamente no puedo revelar, he encontrado aproximación".
Los gobiernos de Lagos y Toledo dialogaron para conseguir la devolución, no solo de libros, sino también de otros objetos patrimoniales que las tropas chilenas arrebataron en Lima. En esta tarea tuvo un rol de mediación Esteban Silva, ex asesor chileno de Alejandro Toledo y militante del PS. Los peruanos esperaban que este 27 de marzo, para la inauguración del moderno edificio de la Biblioteca Nacional del Perú, ocurriera el mentado gesto, pero no fue así. En su momento, el Presidente Frei ya había entregado 50 documentos peruanos que se conservaban en nuestro Archivo Nacional. Pero los peruanos nunca supieron qué libros ni qué cantidad exacta salieron en carretillas de la bóveda que cobijaba su tesoro bibliográfico. Ahora, al divulgar Diario Siete la lista de Domeyko, recién se empieza a conocer la verdad histórica del saqueo bibliográfico de Lima.
Michelle Bachelet, estando en campaña, prometió concretar los gestos de reparación hacia Perú. De hecho, como ministra de Defensa, mantuvo excelentes relaciones con el mundo militar peruano. Pero es un tema sensible y cada vez que se plantea un cúmulo de voces aparecen oponiéndose, como de hecho lo hicieron un par de diputados de la derecha. Igual, las cosas parecen haber cambiado. Y mucho: Jorge Arancibia –el ex comandante en jefe de la Armada, y hoy senador de la UDI– anunció su disposición a efectuar devoluciones a Perú del botín de guerra del Pacífico. "(Estoy) llano a traspasar documentos históricos u otros elementos que signifiquen un gesto de buena voluntad. Me parece perfectamente bien", dijo.
El ex ministro Bitar ratifica a Diario Siete las informaciones de Perú:
–Con mi amigo Sota Nadal conversamos el tema y vimos las condiciones que debían darse para la devolución de libros –cuenta–. Se formó una comisión de expertos para analizar los libros peruanos que se conservan en la Biblioteca Nacional y me parece que son más de 500. Lo importante es dar un paso. Perú puso un busto de O’Higgins en su Panteón de los Próceres. Tras la Guerra del Pacífico, era el único prócer ausente.
En todo caso, la decisión de devolver parte de aquellos 10 mil volúmenes expoliados de la Biblioteca de Lima en 1881 es un asunto de Estado. Y como tal solo una persona decidirá cuándo se realiza: la Presidenta Bachelet. Es probable que, al difundirse hoy el informe del acucioso rector Domeyko, se apuren las cosas.
Algunas joyas
Los siguientes son algunos libros valiosos consignados por Ignacio Domeyko en su inventario de 1881. (No hay certeza de que todas estas obras permanezcan en la Biblioteca Nacional).
Jasonis, Conciliarum (1534)Golius, Lexicon arabicum latinum (Leiden, 1653)Los triunfos de Petrarca (1555)Crónica de don Juan Segundo ("edición gótica de 1543 mandada a imprimir por Carlos V")Histoire general de voyages (1747) (17 volúmenes) Juan González de Mendoza, Historia de China (Amberes, 1596)Plutarco, Obras (1551)Padre Madariaga, Del Senado i de su Príncipe (1555)Cronica del Rei don Rodrigo (1549, "edición gótica de Toledo")Diderot y D’Alembert, Encyclopedie del XVIII (35 tomos)Pimentel, Arte de navegar (en portugués)Toldrá, Justificación histórica de la venida del apóstol Santiago a EspañaLipenu, Bibliotheca philosophica (1682)Arte de verificar las fechas (incompleta)Garibay, Compendio de las crónicas... (1628)Antonio de Herrera, Agricultura jeneral (1790)Aimondi, Cronicon Francorum (París, 1603)Artes de la Inquisición españolaJuan de Mena, Las TrescientasBiblioteca clásica latina (151 volúmenes)Giovanni Galluci, Teatro del mundo i del tiempo (1611)Garcilaso de la Vega, Historia General del Perú (Córdoba, 1617)Imperatum Romanorum (Zúrich, 1559, "notables los grabados y la edición")D’Orbigny, Dictionaire d’histoire naturalle (París, 1861, 11 volúmenes)Cédulas Reales (1563)Annales d'ygiene publique (80 volúmenes)Fray Luis de León, Cartas pastoralesBiblia latina (1550)