domingo, 4 de abril de 2010

Tacna La procesion de la Bandera

Tacna y Arica –lo mismo que Alsacia y Lorena– han sido teatro durante su largo cautiverio de episodios interesantísimos que han hecho proverbial en todas partes el patriotismo inextinguible de los hijos de aquellas provincias. Desgraciadamente, en el Perú no ha habido un escritor que –a semejanza de Alfonso Daudet en Francia– haya eternizado esos sucesos en el libro, para ejemplo de las generaciones venideras y también para honra y gloria del país.Yo, que he nacido en Tacna y que he pasado allí mi niñez y parte de mi juventud, he sido testigo presencial de esos episodios que recuerdo siempre con orgullo. Un compañero de labores periodísticas me pide que narre alguna de estas anécdotas, y accedo a la demanda, a sabiendas de que mi relato no producirá en el ánimo de las personas que lo lean la honda impresión que sacudió mi espíritu cuando vi desarrollarse ante mis ojos la inesperada y conmovedora escena que voy a referir.Ocurrió el caso en 1901. Era por entonces Intendente accidental de Tacna el general don Salvador Vergara, hombre impresionable y receloso que, durante su breve administración mantuvo siempre sobre las armas, lista para cualquier evento, a la guarnición militar que se hallaba a sus órdenes, como si esperara que un enemigo invisible atacara la plaza de un momento a otro.Una institución tacneña muy antigua y muy prestigiosa, la Sociedad de Auxilios Mutuos “El Porvenir”, quiso un día hacer bendecir en la iglesia parroquial un magnífico estandarte de seda, bordado con oro; pero, como en aquellos días habían prohibido las autoridades chilenas exhibir banderas peruanas en la ciudad, fue menester enviar una comisión de socios a la intendencia a recabar el permiso correspondiente. La negativa del general Vergara fue rotunda.–No quiero banderas en las calles– dijo–. Provocan manifestaciones patrióticas, y esas manifestaciones dan origen a contramanifestaciones que ponen en peligro el orden público.Y no hubo medio de hacerle variar la resolución.Días después, ya en vísperas del 28 de julio, la Sociedad “El Porvenir”, que deseaba celebrar de alguna manera el Día de la Patria, volvió a solicitar el permiso deseado, y el Intendente volvió a denegarlo.–Lleven el estandarte a la iglesia en una caja– dijo– y en la misma forma vuelvan con él al local de la Sociedad. Así nos ahorraremos un conflicto.Insistió la comisión, alegando que en Tacna todas las colectividades extranjeras, incluso la china enarbolaban su bandera cuando les placía y que no era justo que, sólo los peruanos, que estaban en suelo propio, se viesen privados de esta libertad.Una idea extraña, sabe Dios de qué alcances posteriores, debió cruzar en ese momento por el cerebro del general Vergara, pues, cambiando repentinamente de tono, dijo:–Tienen ustedes el permiso que solicitan; pero con la condición de que me garanticen, bajo responsabilidad personal, que al conducir la bandera por las calles, el pueblo peruano no hará manifestación alguna de carácter patriótico. Exijo, desde luego, de un modo concreto, que no haya aclamaciones, ni vivas, ni el más leve grito que signifique, ni remotamente, una provocación para el elemento chileno.Los miembros de la comisión se miraron un tanto desconcertados, estimando, sin duda, demasiado aventurado el compromiso que se les imponía; pero, resueltos a todo, lo aceptaron, poniendo así, en grave riesgo su responsabilidad.–Está bien, señor intendente– dijo uno de ellos hablando por todos–. No se oirá un solo grito en las calles durante la procesión del estandarte.Al día siguiente los diarios peruanos, a la vez que daban a conocer al público el grave compromiso contraído por la comisión, recomendaban eficazmente a los hijos del lugar que el día de la fiesta honraran con su actitud la palabra empeñada al mandatario de la provincia.Los aprestos para la gran ceremonia, que debía realizarse una semana después, en el Día de la Patria, comenzaron desde luego con toda actividad en medio de la más intensa expectación pública.La institución encargada de organizar el programa –conocedora del carácter altivo y rebelde de la gente de Tacna– abrigaba el íntimo temor de que la fiesta acabara en tragedia. Un viva al Perú, contestado con un viva a Chile, podía convertir las calles de la ciudad en un campo de batalla. En medio de esta incertidumbre, llegó, por fin el 28 de julio.En las primeras horas de la mañana, más de ochocientos miembros de la Sociedad “El Porvenir” condujeron a la iglesia de San Ramón –la principal de Tacna– el estandarte que había de bendecirse. Esta traslación se realizó, intencionalmente, por calles poco concurridas, a fin de evitar, en lo posible, que la hermosa bandera fuese conocida por el vecindario antes de la ceremonia.Comenzó ésta a las diez con el concurso de casi la totalidad de la población peruana.Las tres naves del templo estaban materialmente repletas de gente. Afuera, en el atrio y en las calles adyacentes, una multitud incontable aguardaba, impaciente el fin de la fiesta religiosa para escoltar la bandera del cautiverio.En el altar mayor oficiaba, auxiliado por dos diáconos, el cura vicario de la parroquia, doctor Alejandro Manrique –antecesor del célebre cura Andía– que poco después sacrificó su vida en servicio de la Patria.Bendíjose el estandarte; cantóse un Tedéum solemne, y en seguida el vicario subió al púlpito y habló a la enorme concurrencia, exhortándola a mantener siempre latente en el alma el amor a Dios y a la Patria; a soportar con entereza las amarguras del cautiverio y a confiar sin desmayo en las reparaciones justicieras del porvenir.Esta oración, intitulada “La Cruz y la Bandera”, conmovió intensamente al auditorio.Terminada la ceremonia, la concurrencia comenzó a abandonar el templo y a engrosar el inmenso gentío que se agitaba, imponente, en los alrededores.Al último, cuando ya no quedaba nadie en el interior de la iglesia, apareció en la puerta, sostenida en alto, hermosa y resplandeciente como nunca, la bandera blanca y roja del Perú…Y entonces, en aquel instante solemne, ocurrió allí, en la calle llena de sol y apretada de hombres, mujeres y niños, de toda condición social, algo inesperado y grandioso; algo que no olvidaré nunca; algo que me hizo experimentar una de las emociones más hondas de mi vida.Apareció el estandarte en la puerta del templo, y las diez mil personas congregadas en el atrio y en las calles inmediatas se agitaron un momento y luego, sin previo acuerdo, como impulsadas por una sola e irresistible voluntad, cayeron, a la vez, de rodillas extendiendo los brazos hacia la enseña bendita de la Patria.No se oyó una exclamación, ni una sola exclamación, ni el grito más insignificante, Sellados todos los labios por un compromiso de honor, permanecieron mudos. Y en medio de aquel silencio extraño y enorme que infundía asombro y causaba admiración, la bandera, levantada muy arriba, muy arriba, avanzó lentamente por en medio de aquel océano de cabezas descubiertas.Y pasó la bandera y detrás de ella, como enorme escolta, avanzó el pueblo entero, y aquella procesión sin músicas ni aclamaciones– siempre en silencio, siempre majestuosa– recorrió, imponiendo respeto, y casi miedo, los jirones más céntricos de la ciudad cautiva.En una bocacalle, un antiguo soldado del Campo de la Alianza, un hombre del pueblo invalidado por un casco de metralla, se abrió paso, como pudo, por entre la compacta muchedumbre, y aproximándose al estandarte, besó con unción religiosa los flecos de oro de la enseña gloriosa. Y un enjambre de niños imitó luego al viejo soldado. Y ante aquel espectáculo, a la vez sencillo y sublime, hube de apretar los ojos para contener las lágrimas.Al paso del cortejo –en el cual el gentío parecía transfigurado por el dolor y el patriotismo– los transeúntes se descubrían pálidos de emoción, y hasta los oficiales y soldados chilenos, visiblemente impresionados, levantaban maquinalmente la mano a la altura de sus gorras prusianas en actitud de hacer el saludo militar.Hace largos años que presencié este episodio. En el tiempo trascurrido hasta ahora, sucesos de toda índole han impresionado fuertemente mi espíritu; pero ninguno –lo repito– ha dejado huella más honda que éste en mi corazón.Ahora, al evocarlo después de tanto tiempo, pasan por mi memoria otras cien anécdotas patrióticas ocurridas en nuestras provincias irredentas, y mi ánimo se conforta y crece mi confianza en la salvación de esos pueblos, dignos mil veces de un gran porvenir, y siento orgullo, grande y legítimo orgullo de haber nacido en Tacna.Nota: La histórica Bandera de la Procesión se encuentra actualmente en Lima, en poder del Dr. Artidoro Espejo, ex presidente de la Sociedad Tacneña “El Porvenir”.Fuente: Revista Variedades, Edición del Centenario de la Independencia, Año XVII, No. 700, Lima, Perú, 30 de julio de 1921.

El Dr. Edwin Mamani Huaycani, curso sus estudios primarios en el Centro Educativo Particular Comunal "San Luis", ex 974, su educacion secundaria en el Colegio Nacional "Daniel Becerra Ocampo" y su educacion superior en la "Universidad Privada de Tacna" . Se graduo como abogado por la Universidad Privada "San Pedro". Es miembro del Ilustre Colegio de Abogados de Arequipa, Sucesor de la "Academia Lauretana" fundada el 10 de diciembre de 1821 .

En la actualidad es docente de la Escuela Superior de Administracion y Marketing ESAM - BUSSINES en las Catedras de Derecho Constitucional y Derechos Humanos en el curso Institucional a la Policia Nacional del Perú, asesor del Sindicato de Pescadores Anchoveteros del Puerto de Ilo, Confederacion Nacional de la Micro y Pequeña Empresa del Perù CONAMYPE - PERU Region Moquegua, Camara de Comercio Binacional Perù - Bolivia, Presidente de la Comisión Patriotica Para la Defensa del Mar de Grau - Ilo, es director y conductor del programa de economia, negocios y actualidad "Opinion en el Aire" por "Radio Austral", "El Informativo" Por "Radio Sabor" y en CANAL 41 TV "Desde el Balcon" Corresponsal de Guerra del Glorioso Ejercito del Perú al haber culminado el curso correspondiente, es tambien columnista de los Diarios "La Region - Puerto de Ilo", "Investigando", de la Revista "Vision de Ilo". En su condición de investigador privado al servicio de las universidades y centros de estudios superiores en el Perú, ha estudiado y ofrecido charlas y conferencias sobre temas de interés nacional e internacional, como la Problematica de la Pesqueria en el Peru, diferendo marítimo con Chile, la Convención del Mar y el Mar de Grau; El Dr. Edwin Mamani Huaycani se encuentra permanentemente disponible previa cita en el correo electrónico: edmamani@gmail.com
ENLACES DE INTERES:
http://www.comisionpatriotica.org/
http://sindicatodepescadoresilo.blogspot.com/
www.defensamarina.org/DefensaMarina_archivos/Titular7.htm
http://www.convemar.net/


domingo, 7 de marzo de 2010

LO QUE CHILE DEBE SABER Y EL PERU RECORDAR

“LO QUE PINOCHET DEBE SABER”

http://mjoh.blogspot.com/2009/09/pinochet-un-dia-como-hoy.html

Este es un comentario nacido a propósito de la actualizaciòn del fantasma de la guerra provocada por la carrera armamentista chilena. En estos días se ha reavivado la noticia y y ha sido co nocida en el ambito mundial.


En efecto, con ese titular, en el que se menciona a general ® Augusto Pinochet, el 29 de agosto de 1978, -o sea, hace la friolera de 37 años-, apareciò en Lima una nota en la revista KUNAN que dirigía el conocido periodista Augusto Zimmerman, muerto ya.
La fecha de apariciòn, más que nada, nos revela cómo pasa el tiempo y como cambian las cosas. Por entonces, el general Pinochet era el amo y señor de Chile, mataba a cuanto chileno allendista se le pusiera por delante y despotricaba de tirios y troyanos. Estaba ebrio de poder y de vida. Ahora, es un guiñapo humano que no puede manejar ni siquiera su silla de ruedas. Derrocado por la mezquindad de sus actos y el paso del tiempo, -que jamás perdona nada-, se creía invencible.
Prepotente, como lo son quienes en algún momento de sus vidas adquieren las características dictatoriales de los reyezuelos, dijo solapadamente que Chile era un país que jamás había sido derrotado por nadie.
Entonces, KUNAN, puso una foto del general con sus lentes negros de espía de telenovela en un rincón de su contraportada, y le respondió de esta manera:

“El general Pinochet desconoce la historia cuando afirma muy suelto de huesos que Chile jamás perdiò una guerra.
“En el siglo XV, un general peruano TUPAC YUPANQUI, gran general, insigne almirante que navegó antes que ningún europeo el mar Pacífico, no sólo derrotó a la resistencia mapuche chilena, sino que se convirtiò en el GRAN CIVILIZADOR DE CHILE, cuyo nombre en quechua, quiere decir “valle hermoso de la tierra”.
“Y esto no lo dice KUNAN. Lo sostiene el historiador chileno Riquelme pariente muy cercano de O`Higgins.
“Riquelme narra cómo Tupac Yupanqui después de vencer en todas sus batallas extendiò los dominios del imperio inca hasta el río Maule, muchísimo más al sur de la que es ahora Santiago. Tupac Yupanqui –dice el historidador chileno- civilizó a los chilenos, eliminó la antropofagia, enseñó el arte de la agricultura y la destreza del trabajo en los lavaderos de oro.
“El ejército peruano enseñó a los chilenos a tejer, a construir, a organizarse socialmente. Y a cambio de su misiòn civilizadora solo exigiò respeto a la autoridad del Cuzco y el pago de contribuciones gracias al oro que los peruanos les enseñaron a trabajar.
“Y el mismo Riquelme agrega: Sin embargo, en los tiempos malos, no cobraban tributos a los pueblos pobres, sino los ayudaban.
“Ejemplo de la magnanimidad peruana. Ejemplo de ayuda noble. Ejemplo de solidaridad humana.
“Sin préstamos atados, sin intereses leoninos, sin ninguna forma de explotación, el Fondo Monetario Internacional Inca respetó los derechos humanos y nunca proclamó el ¡ay de los vencidos!
“Que lea Poinochet la propia historia que han escrito sus historiadores e intelectuales para que se entere de la verdad, para que sepa que Chile fue derrotado por Tupac Yupanqui
“Pero, no solo eso debe enterarse el generasl Pinochet sino también de que, con el general Velasco, el Perú tomó sus previsiones, de ningún modo bélicos o agresivos,pero si destinados a impedir toda agresión que sometiera al pueblo peruano, como hace 100 años”.

sábado, 16 de febrero de 2008

Semblanza

Tacna y Arica –lo mismo que Alsacia y Lorena– han sido teatro durante su largo cautiverio de episodios interesantísimos que han hecho proverbial en todas partes el patriotismo inextinguible de los hijos de aquellas provincias. Desgraciadamente, en el Perú no ha habido un escritor que –a semejanza de Alfonso Daudet en Francia– haya eternizado esos sucesos en el libro, para ejemplo de las generaciones venideras y también para honra y gloria del país.Yo, que he nacido en Tacna y que he pasado allí mi niñez y parte de mi juventud, he sido testigo presencial de esos episodios que recuerdo siempre con orgullo. Un compañero de labores periodísticas me pide que narre alguna de estas anécdotas, y accedo a la demanda, a sabiendas de que mi relato no producirá en el ánimo de las personas que lo lean la honda impresión que sacudió mi espíritu cuando vi desarrollarse ante mis ojos la inesperada y conmovedora escena que voy a referir.Ocurrió el caso en 1901. Era por entonces Intendente accidental de Tacna el general don Salvador Vergara, hombre impresionable y receloso que, durante su breve administración mantuvo siempre sobre las armas, lista para cualquier evento, a la guarnición militar que se hallaba a sus órdenes, como si esperara que un enemigo invisible atacara la plaza de un momento a otro.Una institución tacneña muy antigua y muy prestigiosa, la Sociedad de Auxilios Mutuos “El Porvenir”, quiso un día hacer bendecir en la iglesia parroquial un magnífico estandarte de seda, bordado con oro; pero, como en aquellos días habían prohibido las autoridades chilenas exhibir banderas peruanas en la ciudad, fue menester enviar una comisión de socios a la intendencia a recabar el permiso correspondiente. La negativa del general Vergara fue rotunda.–No quiero banderas en las calles– dijo–. Provocan manifestaciones patrióticas, y esas manifestaciones dan origen a contramanifestaciones que ponen en peligro el orden público.Y no hubo medio de hacerle variar la resolución.Días después, ya en vísperas del 28 de julio, la Sociedad “El Porvenir”, que deseaba celebrar de alguna manera el Día de la Patria, volvió a solicitar el permiso deseado, y el Intendente volvió a denegarlo.–Lleven el estandarte a la iglesia en una caja– dijo– y en la misma forma vuelvan con él al local de la Sociedad. Así nos ahorraremos un conflicto.Insistió la comisión, alegando que en Tacna todas las colectividades extranjeras, incluso la china enarbolaban su bandera cuando les placía y que no era justo que, sólo los peruanos, que estaban en suelo propio, se viesen privados de esta libertad.Una idea extraña, sabe Dios de qué alcances posteriores, debió cruzar en ese momento por el cerebro del general Vergara, pues, cambiando repentinamente de tono, dijo:–Tienen ustedes el permiso que solicitan; pero con la condición de que me garanticen, bajo responsabilidad personal, que al conducir la bandera por las calles, el pueblo peruano no hará manifestación alguna de carácter patriótico. Exijo, desde luego, de un modo concreto, que no haya aclamaciones, ni vivas, ni el más leve grito que signifique, ni remotamente, una provocación para el elemento chileno.Los miembros de la comisión se miraron un tanto desconcertados, estimando, sin duda, demasiado aventurado el compromiso que se les imponía; pero, resueltos a todo, lo aceptaron, poniendo así, en grave riesgo su responsabilidad.–Está bien, señor intendente– dijo uno de ellos hablando por todos–. No se oirá un solo grito en las calles durante la procesión del estandarte.Al día siguiente los diarios peruanos, a la vez que daban a conocer al público el grave compromiso contraído por la comisión, recomendaban eficazmente a los hijos del lugar que el día de la fiesta honraran con su actitud la palabra empeñada al mandatario de la provincia.Los aprestos para la gran ceremonia, que debía realizarse una semana después, en el Día de la Patria, comenzaron desde luego con toda actividad en medio de la más intensa expectación pública.La institución encargada de organizar el programa –conocedora del carácter altivo y rebelde de la gente de Tacna– abrigaba el íntimo temor de que la fiesta acabara en tragedia. Un viva al Perú, contestado con un viva a Chile, podía convertir las calles de la ciudad en un campo de batalla. En medio de esta incertidumbre, llegó, por fin el 28 de julio.En las primeras horas de la mañana, más de ochocientos miembros de la Sociedad “El Porvenir” condujeron a la iglesia de San Ramón –la principal de Tacna– el estandarte que había de bendecirse. Esta traslación se realizó, intencionalmente, por calles poco concurridas, a fin de evitar, en lo posible, que la hermosa bandera fuese conocida por el vecindario antes de la ceremonia.Comenzó ésta a las diez con el concurso de casi la totalidad de la población peruana.Las tres naves del templo estaban materialmente repletas de gente. Afuera, en el atrio y en las calles adyacentes, una multitud incontable aguardaba, impaciente el fin de la fiesta religiosa para escoltar la bandera del cautiverio.En el altar mayor oficiaba, auxiliado por dos diáconos, el cura vicario de la parroquia, doctor Alejandro Manrique –antecesor del célebre cura Andía– que poco después sacrificó su vida en servicio de la Patria.Bendíjose el estandarte; cantóse un Tedéum solemne, y en seguida el vicario subió al púlpito y habló a la enorme concurrencia, exhortándola a mantener siempre latente en el alma el amor a Dios y a la Patria; a soportar con entereza las amarguras del cautiverio y a confiar sin desmayo en las reparaciones justicieras del porvenir.Esta oración, intitulada “La Cruz y la Bandera”, conmovió intensamente al auditorio.Terminada la ceremonia, la concurrencia comenzó a abandonar el templo y a engrosar el inmenso gentío que se agitaba, imponente, en los alrededores.Al último, cuando ya no quedaba nadie en el interior de la iglesia, apareció en la puerta, sostenida en alto, hermosa y resplandeciente como nunca, la bandera blanca y roja del Perú…Y entonces, en aquel instante solemne, ocurrió allí, en la calle llena de sol y apretada de hombres, mujeres y niños, de toda condición social, algo inesperado y grandioso; algo que no olvidaré nunca; algo que me hizo experimentar una de las emociones más hondas de mi vida.Apareció el estandarte en la puerta del templo, y las diez mil personas congregadas en el atrio y en las calles inmediatas se agitaron un momento y luego, sin previo acuerdo, como impulsadas por una sola e irresistible voluntad, cayeron, a la vez, de rodillas extendiendo los brazos hacia la enseña bendita de la Patria.No se oyó una exclamación, ni una sola exclamación, ni el grito más insignificante, Sellados todos los labios por un compromiso de honor, permanecieron mudos. Y en medio de aquel silencio extraño y enorme que infundía asombro y causaba admiración, la bandera, levantada muy arriba, muy arriba, avanzó lentamente por en medio de aquel océano de cabezas descubiertas.Y pasó la bandera y detrás de ella, como enorme escolta, avanzó el pueblo entero, y aquella procesión sin músicas ni aclamaciones– siempre en silencio, siempre majestuosa– recorrió, imponiendo respeto, y casi miedo, los jirones más céntricos de la ciudad cautiva.En una bocacalle, un antiguo soldado del Campo de la Alianza, un hombre del pueblo invalidado por un casco de metralla, se abrió paso, como pudo, por entre la compacta muchedumbre, y aproximándose al estandarte, besó con unción religiosa los flecos de oro de la enseña gloriosa. Y un enjambre de niños imitó luego al viejo soldado. Y ante aquel espectáculo, a la vez sencillo y sublime, hube de apretar los ojos para contener las lágrimas.Al paso del cortejo –en el cual el gentío parecía transfigurado por el dolor y el patriotismo– los transeúntes se descubrían pálidos de emoción, y hasta los oficiales y soldados chilenos, visiblemente impresionados, levantaban maquinalmente la mano a la altura de sus gorras prusianas en actitud de hacer el saludo militar.Hace largos años que presencié este episodio. En el tiempo trascurrido hasta ahora, sucesos de toda índole han impresionado fuertemente mi espíritu; pero ninguno –lo repito– ha dejado huella más honda que éste en mi corazón.Ahora, al evocarlo después de tanto tiempo, pasan por mi memoria otras cien anécdotas patrióticas ocurridas en nuestras provincias irredentas, y mi ánimo se conforta y crece mi confianza en la salvación de esos pueblos, dignos mil veces de un gran porvenir, y siento orgullo, grande y legítimo orgullo de haber nacido en Tacna.Nota: La histórica Bandera de la Procesión se encuentra actualmente en Lima, en poder del Dr. Artidoro Espejo, ex presidente de la Sociedad Tacneña “El Porvenir”.Fuente: Revista Variedades, Edición del Centenario de la Independencia, Año XVII, No. 700, Lima, Perú, 30 de julio de 1921.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Capturan Pesquero Peruano


Para el embajador peruano Manuel Rodríguez Cuadros la Cancillería del Perú debe remitir inmediatamente una nota de protesta a Chile por la detención indebida de 4 pescadores y de una embarcación nacional, debido a que la nave marítima circulaba en el área de controversia marítima.
"La Cancillería tiene la obligación de remitir una nota de protesta al gobierno de Chile, señalando que esa embarcación que era tripulada a diez millas al sur, se encontraba en territorio marítimo peruano del área de controversia y que conforme a la legislación nacional del dominio marítimo el gobierno peruano no reconoce facultades jurisdiccionales y de ejercicio soberanos a Chile en esa zona", señaló a través de RADIO UNO.
Precisó que la nota de protesta es algo indispensable no sólo desde punto de vista de defensa de los intereses nacionales en general, sino muy particularmente en función al juicio que se desarrolla en la Corte Internacional de la Haya, reafirmando que no se reconoce ningún límite paralelo.
Con respecto a la multa de 140mil dólares impuesta por la capitanía mapocha en el puerto de Arica, aseguró que la misma no tiene base legal en derecho internacional.
Rodríguez Cuadros dijo también que a través de un comunicado la opinión pública peruana debe ser informada adecuadamente en el asunto de la detención de la bolichera.
Frente a estos hechos que se presentan una y otra vez, el ex canciller de la República, aseveró que será necesario incluir en la demanda interpuesta ante la Corte de Justicia de la Haya , una reserva del Perú a una adecuada indemnización en razón de las pérdidas económicas que pueda haber significado para el país el no aprovechar nuestra propia riqueza marítima en la zona de controversia , gracias a los actos ilegales que desarrolla el gobierno del Chile

viernes, 17 de agosto de 2007

Chile quiere Confundir La "Concordia" con el Hito N°1



chile quiere confundir la Concordia con el Hito Nº 1
En el caso del inobjetable Tratado del 29, en su artículo 2°, señala que la línea divisoria entre Tacna y Arica, partirá de un punto de la costa que se denominará "Concordia", distante DIEZ KILÓMETROS AL NORTE DEL PUENTE SOBRE EL RÍO LLUTA, PARA SEGUIR HACIA EL ORIENTE PARALELA A LA VÍA DE LA SECCIÓN CHILENA DEL FERROCARRIL DE ARICA A LA PAZ y distante DIEZ KILÓMETROS DE ELLA, con las inflexiones necesarias para utilizar en la demarcación, los accidentes geográficos cercanos que permitan dejar en territorio chileno las azufreras de Tacora y sus dependencias, pasando luego por el centro de la laguna Blanca, en forma de que una de sus partes quede en Chile y otra en el Perú. CHILE CEDE A PERPETUIDAD A FAVOR DEL PERÚ, TODOS SUS DERECHOS SOBRE LOS CANALES DEL UCHUSUMA Y DEL MAURI, LLAMADO TAMBIÉN AZUCARERO, sin perjuicio de la soberanía que le corresponderá ejercer sobre la parte de dichos acueductos que queden en territorio chileno después de trazada la línea divisoria a que se refiere el presente artículo.
Aquí lo importante es destacar la cesión a PERPETUIDAD A FAVOR DEL PERÚ DE TODOS SUS DERECHOS SOBRE LOS CANALES DEL UCHUSUMA Y DEL MAURI Y DEL MÁS AMPLIO DERECHO DE SERVIDUMBRE A PERPETUIDAD A FAVOR DEL PERÚ y como lo dice el texto del Tratado comprende el derecho de ampliar los actuales canales, modificar el curso de ellos y recoger todas las aguas captables en su trayecto por territorio chileno. En el artículo séptimo se establece el más amplio derecho de servidumbre a favor del Perú sobre la línea férrea de Tacna a Arica.
Este tratado suscrito en Lima por el representante del Perú, el presidente D. Augusto B. Leguía, el ministro de Relaciones Exteriores D. Pedro José Rada y Gamio, y por el representante del Presidente de la República de Chile, el general D. Carlos Ibáñez del Campo, quien nombró al Excelentísimo señor D. Emilio Figueroa Larraín (ex presidente de Chile) como su embajador extraordinario y plenipotenciario en el Perú, quienes luego de canjear sus plenos poderes y encontrándolos en debida forma, convinieron en los trece artículos del Tratado y los tres del Protocolo Complementario.
Sin embargo, a despecho de lo que dice textualmente el artículo primero del Tratado: "QUEDA DEFINITIVAMENTE RESUELTA LA CONTROVERSIA ORIGINADA POR EL ARTÍCULO TERCERO DEL TRATADO DE PAZ Y AMISTAD DE VEINTE DE OCTUBRE DE MIL OCHOCIENTOS OCHENTA Y TRES", la reacción en Chile al Tratado del 29 no fue positiva.
Ernesto Barros Jarpa recogió la protesta nacional en un artículo publicado en el Diario Ilustrado, de Santiago, el 19 de agosto de 1931, en el que califica el Tratado y el Protocolo Complementario como un desastre político, económico y patriótico para Chile.
Barros Jarpa fue ministro de Estado del ex presidente Alessandri y desde ese entonces la política chilena fue la de frenar –como de costumbre– el cumplimiento de lo pactado, para encontrar el camino de anular lo concedido. La punta del iceberg es el Punto Concordia, que no fue plantado a la orilla del mar y que ahora lo quieren confundir con el llamado Hito N° 1.
Al Pacto de Bogotá
Creemos sinceramente que desde 1929 y 1930, cuando se efectuaron las mediciones de la frontera, el mundo ha evolucionado en el conocimiento de los instrumentos para medir puntos geográficos con exactitud, desde el legendario teodolito que andaban cargando los ingenieros, sobre todos los de minas a lo largo y ancho del Perú, al sistema preciso o "sistema de posicionamiento global (GPS)", de "global positioning system" que es una constelación de 24 satélites artificiales uniformemente distribuidos en un total de 6 órbitas, de forma que hay 4 satélites simultáneamente y combinan sus informaciones para calcular su propia posición en la Tierra; es decir, sus coordenadas de latitud y longitud con una precisión de unos 10 metros.
Pero hay receptores más sofisticados –tienen otro precio– que pueden determinar la posición con una precisión de unos pocos milímetros. Creemos sinceramente que ha llegado la hora de conciliar los avances científicos con la política internacional y, en el caso que nos atañe, se podría invitar a nuestro vecino del sur a que el satélite nos precise al milímetro dónde clavar el "Punto Concordia", en la orilla del mar, con las coordenadas en unidades de grados (°) y minutos (‘) y así determinar exactamente la frontera marítima, ya que tanto latitud como la longitud son ángulos y por tanto deben medirse con respecto a un 0° de referencia bien definido y no al ojo, por cuanto la Tierra es redonda y no plana.
El Pacto de Bogotá debe ser el camino a la "Concordia" más cercano que La Haya ya que, según el profesor Federico Mancini, el Tribunal de La Haya no puede asumir un asunto sin el previo acuerdo de las partes (Pág. 62 de su "Memoria" del Tribunal Andino de 1991. Juan Vicente Ugarte del Pino.

jueves, 5 de julio de 2007

Fundamentos Históricos del Dominio Marítimo ó Mar Territorial


La historia del dominio del mar territorial se remonta a los antiguos habitantes del litoral peruano. Desde que ellos aparecieron junto al mar convivieron con él y lo aprovecharon para su alimentación, transporte, y hasta para refugiar las divinidades marinas que los protegían. En los Museos puede verse abundante iconografía de peces, leones, serpientes y lobos marinos, tortugas, etc representadas en el arte de todas las antiguas civilizaciones, testimonio indudable de la estrecha relación que existió entre los habitantes de las áridas costas y el rico mar que los alimentaba. Esto es lo que los tratadistas del derecho del mar traducen como la ecuación H-T-M: Hombre, tierra, mar, que sustenta entre otros importantes aspectos la Doctrina Peruana del Mar Territorial.
El hombre peruano usó el mar y lo ocupó a través del tiempo, tanto como pudo según sus crecientes recursos tecnológicos. Esta ocupación o dominio del mar constituye lo que en derecho se denomina “la costumbre”, que es base cierta de jurisprudencia en ausencia de una norma positiva, tan innecesaria como impensable en los orígenes de nuestras culturas. Al desarrollarse la civilización se presenta la necesidad de acreditar el dominio territorial, y tal acreditación se convierte en una norma positiva que desde ese momento ingresa al Derecho Internacional Público.
La trayectoria no interrumpida de dominio que el antiguo peruano ejercitó sobre su mar adyacente, encuentra el hecho de mayor relieve en la expedición del Inca Tupac Yupanqui a la Polinesia, remontando lo que hoy conocemos como la Corriente Peruana. Este hito del dominio peruano sobre el mar lo confirmó el explorador noruego Thor Heyerdahl alrededor de 1960, dejándose llevar por la Corriente Peruana en la balsa “Kon Tiki”, tal como se supone fueron las embarcaciones que pudieron haber construido los Incas. En el 2005, la expedición noruega de la balsa “Tangaroa” confirmó lo anterior.
El primer mapa de América levantado en 1646 por el geógrafo europeo Petrus Kerius Calav ofrece el testimonio que el “Peruviane Ocean”, desde el litoral peruano hasta las Islas Filipinas era posesión soberana de los Reyes de España, de los cuales somos herederos históricos desde 1821. Así es que el dominio marítimo ó mar territorial es, por posesión continua y por historia, patrimonio indiscutible y exclusivo del Perú.
Hasta que en la edad contemporánea, se presentó la necesidad de proteger los recursos marinos, amenazados por la entonces incipiente depredación de los mares. Con una clara visión proyectada de la historia, el entonces Presidente de la República, ilustre jurista y gran patriota, Dr. José Luis Bustamante y Rivero, reivindicó el dominio, soberanía y jurisdicción exclusivas del Perú sobre las 200 millas de mar adyacente a sus costas. Fue el primero de Agosto de 1947, en el acto más trascendental de toda nuestra vida republicana, que el Perú proclamó la propiedad exclusiva de 864,381.557 km2 (2) de dominio marítimo, que comprende suelo, subsuelo, fondos marinos, y espacio aéreo que los cubre.
La Doctrina del Mar Territorial Peruano quedó internacionalmente reconocida por el Tratado del Pacífico Sur de 1952 suscrito con Ecuador y Chile, con la posterior adhesión de Colombia. Finalmente, la III Reunión del Consejo Interamericano de Jurisconsultos, en México, en 1956, declaró que los Estados tienen la competencia de fijar el ancho de su mar territorial de acuerdo a sus características geográficas, geológicas y biológicas, según las necesidades económicas de su población y de su seguridad y defensa. El Perú, es el primer país del mundo en sustentar su dominio marítimo con sólidos argumentos científicos y jurídicos, lo que confiere plenitud y permanencia en el tiempo a la Doctrina Peruana del Mar Territorial de 200 millas marinas.
(1) De la Comisión Patriótica para la Defensa el Mar de Grau. http://www.comisionpatriotica.org/

(2) Estimado por el Instituto de Investigación de la Facultad de Ingeniería Geográfica y Ambiental de la Universidad Nacional Federico Villarreal http://www.victormejia.org/

Convención mutiladora




De adherirse el Perú a la Convención del Mar de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, adhesión que empeñosamente persiguen quienes, de esta manera, con la mejor buena fe, consideran equivocadamente que cumplen el deber de resguardar y proteger los intereses nacionales:

1.- El Perú reduciría la anchura de su mar territorial de 200 millas marinas a 12 y, en estas 12 millas, su soberanía tampoco sería absoluta pues ella tendría que ejercerla con arreglo a la Convención y otras normas de derecho internacional (Art.2, inc. e y Art. 3).

2.- El Perú convertiría las 188 millas de su mutilado dominio marítimo uninacional en un condominio marítimo multinacional maliciosamente llamado “Zona Económica Exclusiva” sujeta a un régimen en el cual las disposiciones de la Convención, no la ley peruana, regirían los derechos y obligaciones del Estado ribereño, vale decir del Perú y de los demás Estados (Art.58).

3.- El Perú vería gravemente amenazados los intereses de la Defensa Nacional no sólo en caso de ataque o de una invasión armada por mar o aire sino por espionaje o actos de merodeo.

4.- El Perú mutilaría igualmente el espacio aéreo que cubre actualmente su dominio marítimo de 200 millas, espacio aéreo en el que, conforme a la Convención de París de 1919, toda potencia tiene soberanía plena y exclusiva.

5.- El Perú no podría adherirse con “reservas” a la Convención porque ésta impide las reservas y las excepciones (Art. 199).

6.- El Perú, de adherirse a la Convención, no podría proponer enmiendas a ella porque, para su simple admisión a debate, exige que la mitad de los Estados partes, respondan favorablemente a la solicitud modificatoria y, en caso de enmienda simplificada, sin convocatoria a Conferencia, basta que un Estado se oponga para que el pedido de enmienda sea automáticamente rechazado (Art. 312 inc.1 y Art. 313, inc.3).
7.- El Perú no podría, de adherirse a la Convención, reivindicar los derechos a que hubiere renunciado por la adhesión, ya que la Convención franquea su denuncia, pero establece que ningún Estado quedará dispensado por causa de la denuncia de las obligaciones financieras y contractuales contraídas mientras era Parte de la Convención, ni la denuncia afectará a ningún derecho, obligación o situación jurídica creados para la ejecución de la Convención (Art. 317, inc.2).

No sería todo. De adherirse a la Convención sobre Derecho del Mar también sufriría el Perú la imposición de las servidumbres que, bajo la denominación de “libre tránsito”, establecen los artículos 69 y 125.
No puede pasar inadvertido que el artículo 69 de la Convención consagra el “Derecho de los Estados sin Litoral” a participar en la explotación de una parte apropiada excedente de recursos vivos, de las sarcásticamente llamadas “Zonas Económicas Exclusivas” de los Estados ribereños de la misma subregión o región. Menos aún puede el Perú dejar de percatarse que el artículo 125 de la Convención consagra igualmente, tanto el “derecho de acceso al mar y desde el mar” cuanto el derecho a la “libertad de tránsito” en beneficio de los Estados sin litoral.
Esto significaría que, en adición al debilitamiento de la posición del Perú en su desinteligencia con Chile, en el asunto de la delimitación de su frontera marítima, que surge de la peculiar conformación geográfica de las costas de ambos países y del punto de vista discordante que tienen, para fijar la línea imaginaria de 200 millas de mar territorial; mediante la anticonstitucional adhesión del Perú a la Convención sobre derecho del Mar, Bolivia, Estado sin litoral, tendría el derecho de acceso al mar y desde el mar para ejercer los derechos que se estipulan en esta Convención”, incluidos los relacionados con la libertad de la alta mar; y, “para este fin”, Bolivia gozaría en el Perú de “libertad de tránsito a través del territorio por todos los medios de transporte”.

¿Sería suficiente para la seguridad militar del Perú el que el párrafo tercero del artículo 125 de la Convención disponga que “los Estados de tránsito en el ejercicio de su plena soberanía sobre su territorio tendrán derecho a tomar las medidas necesarias para asegurar que los derechos y facilidades estipulados en esta parte para los Estados sin litoral no lesionan en forma alguna sus intereses legítimos”?
¿Quedarían asegurados los territorios de Tacna, Moquegua, Arequipa, Madre de Dios, Cuzco y Puno de imponérseles el complejo de servidumbre que conllevaría la adhesión del Perú a la Convención sobre Derecho del Mar?
El Perú no debe correr este peligro inmenso ni convenir en la mutilación de “su mar territorial”. Ni “Milla 13” ni manojo de servidumbres con riesgos separatistas: su “línea de respeto” debe ser sagrada e invariable, la “Milla 200”.
por el Dr. Alfonso Benavides Correa(fragmento de su libro “Una difícil vecindad” págs. 179 a 182) http://www.victormejia.org/